Hoy en día
existe un interés creciente en la llamada medicina
biológica que engloba las denominadas medicinas
o terapias complementarias, entendiendo por medicina
aquella que cura.
Se trata de una medicina holística que concibe el individuo
como un ser integral, no somos seres fragmentados en sistemas y órganos
que funcionan independientemente sino por el contrario existe una
interrelación en los cuatro planos de nuestra existencia:
físico, psíquico, energético y espiritual,
de modo que cualquier alteración en uno de ellos repercute
en el resto.
Esta filosofía y terapéutica médica emerge
ante la necesidad humana de integrar conceptos más amplios
y no tan restringidos que relacionan el ser humano con su entorno,
la naturaleza, e intenta dar respuestas a la enfermedad desde esta
relación. En la actualidad el concepto de “unir para
comprender” está siendo recuperado por la medicina
moderna que recobra la perspectiva de pensamiento de los sabios
médicos de nuestra antigüedad, considerando al individuo
como un todo mente-cuerpo en continua conexión con el Universo.
Estos conceptos holísticos han estado tachados de oscurantistas
durante mucho tiempo ya que no eran fácilmente asimilados
en el modelo cartesiano de pensamiento, racional y analítico,
la máxima era al contrario “separar para entender”.
Los que compartimos esta visión entendemos que los síntomas
no son sino los medios por los que nuestra naturaleza lucha, primero
susurra; sino sabemos o podemos entenderla nos sigue hablando más
y más alto hasta que nos grita para que nos liberemos de
la enfermedad, por lo que no debemos suprimir estas señales
haciendo oídos sordos a lo que nuestro cuerpo y mente intenta
decirnos, o acallaremos ese “vis medicatrix naturae” o
camino de sanación natural del que nos hablaba Hipócrates.
Para descifrar esos mensajes es muy importante en qué zona
de nuestro cuerpo se manifiestan y el modo en que vivimos los trastornos
o enfermedad ya que aquí radica la naturaleza y contenido
de nuestros problemas no resueltos. Según vamos comprendiendo
e integrando los orígenes de nuestros conflictos físico-anímicos
el cuadro patogenésico comienza a modificarse, este proceso
de transformación va de adentro hacia afuera y cuando se
activa ese mecanismo se evidencia una mejoría del ser interna
y externamente tanto en un orden fisiológico como dinámico,
en ocasiones ‘milagrosamente’.
Tal vez por estas razones terapéuticas como la Homeopatía,
Oligoterapia, Homeo-Espagyria, Medicina Tradicional China, Terapia
floral, Reflexologías, Masaje manual, se encuentran cada
día más interesadas en integrar dentro de sus tratamientos
terapias psicológicas específicas para ir directamente
a los núcleos morbosos del individuo, allí donde
se halla el origen de sus padecimientos.
La Terapia Regresiva constituye una preciosa búsqueda en
nuestro yo más profundo. Es encontrarnos con “nuestras
múltiples personalidades” y reconocerlas como propias,
pero ¿cómo es posible superar la separación
y ser seres completos cuando subyacen en nuestro interior tantas
caras de una misma moneda? Si nos adentramos en ese fascinante
mundo interior e indagamos en nuestro laberinto de imágenes
iremos al lugar donde se elaboran nuestras creencias y que en ocasiones
producen tanto dolor y sufrimiento, contactaremos entonces con
nuestra propia sabiduría interna, esa que no se aloja en
nuestra parte lógica y especulativa sino en aquella esencia
intuitiva, atemporal, analógica, imprevisible y creativa,
es la llave que encierra nuestra Caja de Pandora particular, poseedora
de sensaciones tan placenteras y felices como inquietantes y amargas,
todo un tesoro de emociones.
Y este tesoro es precisamente el guía que nos conducirá a
la comprensión del personaje actual en el que en ese momento
estamos aprisionados con sus bloqueos y su modo reaccional; esta
tipología marcará unas tendencias patológicas
determinadas y no es de extrañar que determinados casos
clínicos “desahuciados” por otras disciplinas
médicas se solucionen de una forma tan rápida y eficaz.
La Terapia Regresiva es excelente en trastornos psicosomáticos
y me pregunto ¿existe alguno que no lo sea? Las emociones
bloqueadas generan síntomas físicos y viceversa,
los síntomas físicos bloquean emociones, o dicho
de otro modo, somatizamos en nuestros órganos diana las
emociones pero ¿acaso no es cierto que ante “un hecho
fortuito” como una infección oportunista, un traumatismo
o accidente nuestras emociones quedan asimismo profundamente alteradas?.
Sesión a sesión el paciente va encajando ese rompecabezas,
los vidrios de colores toman forma como en un calidoscopio, los
efectos indeseados que fueron el motivo de consulta en su día
se van desdibujando, esfumándose como cortinas de humo,
la mente suelta lastre abriendo nuevos espacios, se flexibiliza
como la rama de un junco, la expresión de la mirada se aviva,
la hora del encuentro con la esencia auténtica se va acercando….
¿ Hay algo más hermoso
que ver como crece la hierba en un lugar
yermo?
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